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sábado, 13 de agosto de 2011

Hacia el Bicentenario, tres pasos para conocer a Don Bosco

Foto del artículo -RMG – HACIA EL BICENTENARIO, TRES PASOS PARA CONOCER A DON BOSCO

(ANS – Roma) – A pocos días del inicio del trienio de preparación al bicentenario del nacimiento de Don Bosco, ANS pidió al padre Francesco Motto, Director del Instituto Histórico Salesiano, de ofrecer algunas sugerencias para conocer mejor la figura del santo turinés.

El conocer a Don Bosco es uno de los temas más queridos por el Rector Mayor, Don Pascual Chávez. Asumido como compromiso en el primer núcleo del Capítulo General 26 – Retornar a Don Bosco – el trabajo ha sido re-propuesto a los Salesianos en la carta enviada el 31 de enero pasado en la cual se presentaba el camino de preparación al 2015; un conocimiento de la historia, de la pedagogía y de la espiritualidad.

La sugerencia del padre Motto - disponible en la sesión Service de ANS – no se limita sólo al conocimiento del dato histórico y, retomando el camino trazado por el Superior de los Salesianos, considera también el ámbito pedagógico y espiritual.

Partiendo dde la pregunta: cuál Don Bosco? “Sabiendo que de Don Bosco existen decenas de imágenes en libros, revistas, periódicos, video casetes, películas, ficción. El Rector Mayor en la presentación del Aguinaldo 2012 ha hecho su elección: “El Don Bosco de la historia y en la historia de su tiempo”, desde el momento que “el acercamiento a Don Bosco, hecho con los métodos de la búsqueda histórica, nos han llevado a comprender y medir su grandeza humana y cristiana, su genialidad operativa, sus dotes como educador, su espiritualidad, su obra, plenamente comprensible sólo si está profundamente radicada en la historia de la sociedad en la cual vivió”.

Para el padre Motto tres pasos por hacer para conocer mejor a Don Bosco
  • Retornar a las fuentes genuinas, seguras, es decir a los textos auténticos de Don Bosco, a sus escritos, editados por él o por sus hijos, on line o en papel;
  • ir a las fuentes – también las más seguras y válidas- en el sentido de superar cuánto presentan a primera vista, no una lectura epidérmica y banal. De Don Bosco es necesario conocer las ideas y las estructuras mentales, los valores propios o adquiridos, el lenguaje escrito y hablado, el modo de actuar y de reaccionar… La lectura teológica de las fuentes se amplía con la social, económica y política. Lo sobrenatural debe “tener en cuenta” los elementos y factores naturales. Don Bosco no es una “isla” en el mar de su tiempo;
  • leer los temas del Don Bosco histórico, de cualquier carácter (religioso, moral, dogmático, político, cultural, económico...) con referencia a análogas problemáticas y hechos recientes, donde puedan ser útiles a nuestro presente.
El padre Motto concluye su aporte diciendo que Lo histórico, cuando ha comprendido, indicado y explicado el contexto, los eventos, las causas y consecuencias, ha concluido su tarea. En este punto, después de la interpretación “histórica” debe seguir la “existencial”.







domingo, 3 de julio de 2011

MENSAJES DE EL RECTOR MAYOR EN EL BOLETÍN SALESIANO

Bienaventurado AUGUSTO CZARTORYSKI (1858-1893)
El joven rico que dice sí
La vocación de un príncipe llegado a salesiano


El nacimiento de Augusto Czartoryski en París el 2 de agosto de 1858, primogénito de la noble e ilustre familia polaca, es saludado como signo de esperanza: es el predestinado al trono de san Casimiro y, por tanto, punto de referencia de cuantos sueñan el renacimiento de Polonia.



lunes, 6 de junio de 2011

MENSAJES DE EL RECTOR MAYOR EN EL BOLETÍN SALESIANO


Bienaventurado ARTÉMIDES ZATTI (1880-1951)
¡Con Don Bosco de cualquier forma!
La vocación de  un Salesiano Coadjutor
Los Zatti son una humilde familia de campesinos que deciden abandonar su pueblo, Boretto en Italia, para buscar mejor suerte y huir de la pelagra. La emigración a Argentina, cuando Artémides tiene 15 años, es una consecuencia necesaria de la pobreza.


jueves, 3 de marzo de 2011

MENSAJES DE EL RECTOR MAYOR EN EL BOLETÍN SALESIANO


Bienaventurada ALEJANDRINA MARÍA DA COSTA (1904-1955)

La fecundidad del “…cetera tolle”

La vocación de una Salesiana Cooperadora

Un sábado santo, en una aldea llamada “Calvario” del ayuntamiento de Balasar (Portugal), marca la vida de esta mujer extraordinaria que resplandece entre las mayores almas místicas en la historia de la Iglesia de nuestro tiempo. Ese día Alejandrina, su hermana Deolinda y una chica aprendiz están entregadas a su tarea de costura, cuando se dan cuenta que tres hombres tratan de penetrar en su cuarto. Pese a que las puertas estén cerradas, los tres logran forzarlas y entran. Alejandrina, para salvar su pureza amenazada y su dignidad de mujer y de hija de Dios, no titubea en lanzarse por la ventana desde una altura de cuatro metros. Las consecuencias, aunque no inmediatas, son terribles. Los varios controles médicos a los que la someten diagnostican con siempre mayor claridad un hecho irreversible. Hasta los diecinueve años puede todavía arrastrarse a la iglesia donde, encogida, se detiene con gusto, admirada por la gente. Después la parálisis progresa siempre más, hasta que los dolores se vuelven fortísimos, las articulaciones pierden sus movimientos y ella queda paralizada totalmente. Cuando Alejandrina se mete a la cama para no levantarse más durante los treinta años de vida que le quedan, es el 14 de abril de 1925. Hasta 1928 no deja de pedir al Señor, por intercesión de la Virgen, la gracia de la curación, prometiendo que, de curarse, irá misionera. Pero en cuanto comprende que el sufrimiento es su vocación, acepta con prontitud: “Nuestra Señora me ha hecho una gracia todavía mayor. Antes la resignación, después la conformidad completa a la voluntad de Dios, y finalmente el deseo de sufrir”.



Remontan a este período los primeros fenómenos místicos, cuando Alejandrina inicia una vida de grande unión con Jesús en los Tabernáculos por medio de María Santísima. Un día en que se encuentra sola, se le ocurre de repente este pensamiento: “Jesús, tú eres prisionero en el Tabernáculo y yo en mi cama por tu voluntad. Nos haremos compañía”. Desde entonces comienza la primera misión: ser como la lámpara del Tabernáculo. Pasa sus noches como peregrinando de Tabernáculo en Tabernáculo. En cada Misa se ofrece al Eterno Padre como víctima por los pecadores, junto con Jesús y según sus intenciones. Crece en ella siempre más el amor al sufrimiento, a medida que la vocación de víctima se hace sentir en forma más clara. Emite el voto de hacer siempre lo que sea más perfecto.



Desde 1935, con el jesuita Padre Mariano Pinho, su primer director espiritual, es el portavoz de Jesús ante el Santo Padre para que el mundo, amenazado por la segunda guerra mundial y por la difusión del ateísmo, sea consagrado a la Virgen Madre. “Como Yo pedí a S. Margarita María la consagración del mundo a mi Corazón divino, así pido a ti que sea consagrado al Corazón de mi Madre santísima”. El signo dado por el Señor para apoyar el origen divino de esta petición es su Pasión vuelta a vivir en Alejandrina desde el viernes 3 de octubre de 1938 al 24 de marzo de 1942, es decir, 182 veces. Alejandrina, superando el estado habitual de parálisis, baja de la cama y, con movimientos y gestos acompañados por dolores agudísimos, reproducedurante tres horas y media los diversos momentos del Via Crucis. “Amar, sufrir, reparar” es el programa que le indica el Señor.



Cuando Pío XII ya consagra el mundo al Corazón Inmaculado de María, cesa en Alejandrina la Pasión de Jesús en forma visible, para continuar interiormente durante toda su vida. En la semana santa del mismo año, 1942, inicia el ayuno total que se prolonga hasta su muerte, acaecida el 13 de octubre de 1955. Su vida es un milagro eucarístico viviente. Jesús le dice: “…Hago que tú vivas solo de Mí, para probar al mundo lo que vale la Eucaristía y lo que es mi vida en las almas: luz y salvación para la humanidad”.



En 1944 el nuevo director espiritual, el salesiano adre Humberto Pasquale, la inscribe en la Unión de los Salesianos Cooperadores y ella hace colocar su diploma de Cooperadora “en un lugar que le permita tenerlo siempre ante los ojos”, para colaborar con su dolor y oraciones a la salvación de las almas, especialmente de los jóvenes. El 12 de septiembre del mismo año el pPadre Humberto la inscribe en la Asociación de los devotos de María Auxiliadora.



Pese a los sufrimientos continúa su interés y entrega a los pobres, al bien espiritual de los feligreses y de muchas otras personas que a ella acuden. El 13 de octubre de 1955, aniversario de la última aparición de la Virgen en Fátima, la oyen exclamar: “Estoy feliz porque me voy al cielo”. En su tumba se leen estas palabras que ella quiso fuera grabadas allí: “Pecadores, si las cenizas de mi cuerpo pueden ser útiles para salvaros, acercaos, pasadles encima, pisadlas hasta que desaparezcan. Pero no pequéis más; ¡no ofendáis más a nuestro Jesús!”. Es la síntesis de su vida gastada exclusivamente en salvar almas. En Oporto, en la tarde del día 15 de octubre, los kioskos de flores se quedan sin rosas blancas: todas vendidas. Un homenaje para Alejandrina, que ha sido la rosa blanca de Jesús. Su corazón, cabalmente porque unido siempre al Corazón de Jesús hasta la mística identificación con Él, se ha dilatado con exceso y abrazaba a todos, se conmovía por todo, se identificaba con todo lo que era del prójimo, donaba siempre y se donaba completamente. La gente del pueblo, por su fallecimiento, vistió de luto durante un mes, comentando: “¡Ha muerto la mamá de Balasar!".

viernes, 31 de diciembre de 2010

Un regalo especial: el Aguinaldo 2011


Foto del artículo -RMG – UN REGALO ESPECIAL: EL AGUINALDO  2011





(ANS – Roma) – El 31 de diciembre es el día tradicional de la presentación del Aguinaldo del Rector Mayor. El año 2011, como fue anunciado ya desde el mes de junio, verá a los 28 grupos de la Familia Salesiana empeñados en la reflexión y el trabajo vocacional. 
En la cordial visita a la Casa general de las Hijas de María Auxiliadora,  el Rector Mayor de los salesianos, Don Pascual Chávez Villanueva, presentó oficialmente El Aguinaldo del 2011 “Venid y veréis”: un sincero llamamiento a toda la familia salesiana a sentir la necesidad de convocar.

Os escribo para presentar el Aguinaldo de 2011, con la certeza de haceros un regalo agradable, tanto por el valor que el Aguinaldo, como tal, tiene en nuestra tradición salesiana desde los tiempos de Don Bosco, como por el tema escogido que interesa a nuestra vida, a nuestra misión y a nuestra capacidad de ayudar a descubrir que la vida es vocación, como también por el momento que vivimos como Iglesia y Familia Salesiana, sobre todo en Occidente.

Don Bosco cuidaba de dos elementos claves para la promoción vocacional: primero, un ambiente en el cual la propuesta podía ser favorablemente acogida y segundo, el acompañamiento espiritual.

La clave de lectura del Aguinaldo 2011 es la creación de una cultura vocacional. “La cultura, de hecho reclama no unos gestos singulares, aún siendo numerosos, sino a una mentalidad y a un comportamiento compartido por un grupo;  mira no sólo intenciones y propósitos privados, sino un empeño sistemático y racional de las energías de la cual dispone la comunidad”. Un ambiente que, permeado de una cultura vocacional, permita a los jóvenes descubrir la propia vida en la dimensión de la vocación – llamada, abierta a la relación con los demás y con Dios y generosamente puesta al servicio.

Sujeto promotor de una cultura vocacional es la Pastoral Juvenil para la cual “la dimensione vocacional constituye el principio inspirador y su salida natural”. Don Chávez, sugiriendo la creación de ambientes con testimonios vocacionales significativos y el acompañamiento de las personas, indica a las comunidades educativo – pastorales algunos aspectos y temas para una eficaz pastoral vocacional: la educación al amor, a la castidad, a la oración, al acompañamiento personal, la centralidad y el rol de la consagración religiosa en la misión de la Familia Salesiana y, sobretodo, hacer del Movimiento Juvenil Salesiano y del voluntariado una plataforma de experiencia de animación vocacional para los jóvenes.

Concluyendo el comentario al aguinaldo, Don Chávez exhorta: “debemos entonces estar orgullosos de nuestra vocación salesiana; conocer siempre más a Don Bosco y, sobretodo, vivir y  comunicar con entusiasmo el espíritu y la misión salesiana”.

Además del tradicional parábola temática - La caravana en el desierto -, Don Chávez propone este año una oración de Madeleine Delbrêl, Sierva de Dios y mística francés, que narra el abandono de la propia vida a la guía Espíritu Santo.

Don Bosco inició en el año 1849 a confiar a sus muchachos una propuesta que sirviera de estímulo para el camino del año nuevo. Esta costumbre se ha convertido en una preciosa tradición que, en el tiempo, se ha extendido a todos los grupos de la Familia Salesiana. Inspirada en las necesidades del tiempo presente, de la tradición salesiana y del Magisterio eclesial, el Aguinaldo se convierte en una manifiesto programático para la reflexión y la acción de los 28 grupos, religiosos y laicos, que se inspiran en el carisma de Don Bosco.

El Aguinaldo 2011, cuyo comentario está disponible en sdb.org, está acompañado de algunos subsidios como el video y un canal YouTube que recoge las historias vocacionales.

lunes, 20 de diciembre de 2010

NOVENO SUCESOR DE DON BOSCO DON PASCUAL CHAVEZ



Don Chávez es mexicano, nacido el 19 de diciembre de 1947, en Real de Catorce (San Luis de Potosí), zona minera en el corazón del norte de México. Tras algunos años, la familia se traslada a Saltillo (Estado de Coahuila), en donde Pascual frecuenta la escuela salesiana “Colegio México”; aquí nace su vocación y madura su intención de seguir a Don Bosco. Realiza su primera profesión en agosto de 1964, en Coacalco, y en agosto de 1970 se convierte en salesiano con votos perpetuos, en Guadalajara. Recibió el ministerio diaconal el 10 de marzo de 1973, también en Guadalajara, y siempre en la “Perla Tapatía”, capital del Estado de Jalisco, es ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1973. Pasa sus primeros años de ministerio en la comunidad de jóvenes salesianos en formación de Chapalita (Guadalajara). Desde 1975 a 1977 estudia en Roma en el Instituto Bíblico, en donde obtiene la licenciatura en Sagrada Escritura.

El Rector Mayor fue director del Instituto Teológico de San Pedro Tlaquepaque desde 1980 a 1988, donde enseñó Sagrada Escritura. Desde 1986 a 1994 fue Inspector de esta misma provincia que comprende todo el norte de México hasta la frontera con los Estados Unidos. En 1995 inicia su doctorado de Teología Bíblica y reside en Madrid-Carbanchel, donde permanece hasta conseguir el título en la Universidad Pontificia de Salamanca (España). En 1996, durante el CG 24, le llega una llamada telefónica del Rector Mayor, don Vecchi, que le propone ser Consejero Regional para la Región Interamérica, pese a no ser miembro de derecho de aquel Capítulo. Aceptada la propuesta, se transfiere a la Casa Generalicia de Roma, en donde reside actualmente.

Además de participar en el CG 25, don Chávez participó también como capitular en el CG 23 de 1990, entonces trabajó también como miembro de la comisión precapitular.

La lengua materna del Rector Mayor es el español, pero habla correctamente inglés e italiano. Entiende también alemán, francés y hebreo.

Don Pascual Chávez no sólo posee títulos eclesiásticos, sino que obtuvo el título de Profesor básico de disciplinas científicas. Una y otra formación lo han convertido en un hombre concretamente espiritual.

Es una persona inteligente y mentalmente estructurada, de diálogo, que afronta los problemas inmediatamente sin postergarlos. Se demuestra capaz de captar los problemas y e ir a su raíz, con tenacidad y constancia, implicando a todas las partes afectadas y apuntando hacia las soluciones descubiertas. Sabe ser cercano sin caer en el paternalismo.

Persona preparada, profunda y pragmática, ha llevado a buen fin todos sus deberes de estudio en tiempos breves tras un cargo de responsabilidad y otro, obteniendo los resultados previstos en poco tiempo, pero no por ello de modo menos brillante.

De profunda cultura escriturística, es notable en él el sentido de las cosas, que le hace ser un hombre práctico y concreto, hijo de aquella sensibilidad latinoamericana que ajusta su lectura cristiana de la vida sobre el hombre y la realidad cotidiana.

La puesta al día continua sobre los hechos de la vida y de la historia, lo han vuelto especialmente atento a los signos de los tiempos. Como prueba de todo ello, su entusiasmo demostrado para consolidar y reforzar la obra de los oratorios de frontera iniciada por su predecesor, el P. Humberto Meneses, un servicio a los más pobres y abandonados en Tijuana (México). Aunque no haya tenido nunca ocupaciones de pastoral directa con los jóvenes, ha sido siempre fuerte en él el sentido salesiano del contacto con los muchachos, para los que orientó su misión como responsable de la Inspectoría de México-Guadalajara. Los jóvenes con los que trabajó directamente fueron los salesianos en formación teológica de Tlaquepaque, a quienes transmitió, no sólo su formación escriturística, sino también su pasión salesiana por los jóvenes.

Como Consejero Regional ha animado una región que abarca 14 inspectorías, muy variada por cultura, tradiciones, tenor de vida, vivencia religiosa y salesiana. En efecto, la región comprende naciones de Norte y Centroamérica, del Caribe, y del arco andino de Sudamérica (Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia). La animación que ha dirigido se ha centrado en los objetivos prefijados y ha conseguido amalgamar su acusada multiplicidad, así como visitar todas las inspectorías al menos una vez al año, durante sus seis años de permanencia en el cargo.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

MENSAJES DEL RECTOR MAYOR EN EL BOLETÍN SALESIANO

DICIEMBRE : LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO


“Si Cristo no resucitó, vacía es nuestra predicación, vacía también nuestra fe (...) Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados” (1 Cor 15, 14.17).

 
Es indudable que la Resurrección de Jesucristo, el Crucificado, constituye el centro de nuestra fe cristiana. Sin embargo, no siempre se refleja esta convicción en nuestra vida de creyentes. Como simple botón de muestra, menciono dos ejemplos: la escasez de imágenes de Cristo Resucitado, en relación a las que lo representan en la Cruz; y por otra parte, la poca relevancia que tuvo, hasta hace pocos años, la celebración litúrgica de la Resurrección del Señor: la Vigilia Pascual es relativamente “joven”.

 
Para comprender mejor lo que significa la Resurrección de Jesús es necesario -dicho paradójicamente- tomar en serio su muerte. A lo largo de los siglos, han surgido corrientes de pensamiento, aun dentro de la Iglesia, que minimizaban la seriedad de la muerte de Jesús: y esto, además de que impedía aceptar su plena Encarnación, no permitía comprender adecuadamente su Resurrección. No me refiero sólo al hecho, totalmente real, de la pasión y muerte del Señor, sino también a lo que implicaba para la mentalidad judía.

 
Para el pueblo de Israel, Dios se manifiesta a través de los acontecimientos de su historia y de la historia universal. En el caso concreto de Jesús, su muerte en la cruz significaba, para un judío que Dios no estaba de su parte: que no avalaba su pretensión mesiánica, y menos aún su pretendida filiación divina. Mientras no se reflexiona sobre esto, no se toma en serio, desde el punto de vista teológico, la muerte de Jesús en la cruz. En consecuencia, los discípulos de Jesús no esperaban ya nada después de su muerte: quien habla de “alucinación”, o de que simplemente vieron lo que esperaban ver, además de que desconoce la concretez de la gente del pueblo, minimiza o incluso desconoce este rasgo fundamental del israelita.

 
Lo anterior permite comprender dos elementos que aparecen claramente en todos los relatos del Nuevo Testamento: en primer lugar, que el descubrimiento de la tumba abierta y vacía en ningún caso lleva a sospechar siquiera que quien había sido sepultado ahí haya resucitado. En segundo lugar, explica la gran dificultad de los discípulos para aceptar que es él, precisamente Jesús, quien murió en la cruz.

 
Sin embargo, si queremos ahondar en lo que significó para ellos, en cuanto primeros testigos (no de la Resurrección -ningún texto del Nuevo Testamento la describe- sino de las apariciones de Jesús Resucitado), debemos ser muy respetuosos frente al Misterio: precisamente porque hablamos de una realidad que trasciende totalmente nuestra experiencia humana.

 
Lo que los relatos del Nuevo Testamento nos permiten entrever se puede resumir en una simple expresión: Jesús resucitado es el mismo que convivió con ellos y murió en la cruz, pero no igual. Su identidad personal es total: además de que se “da a conocer” a través de un signo que evoca su vida mortal: llamando a María por su nombre, partiendo el pan con los discípulos de Emaús, propiciando una pesca milagrosa después de una noche infructuosa, etc., sobre todo conserva las huellas de su muerte en cruz, como lo manifiesta dramáticamente en el relato joánico de su encuentro con el incrédulo Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente” (Jn 20, 27).

En este mismo texto evangélico encontramos la relación entre el testimonio de los discípulos y la fe de quienes, sin haber visto al Señor, creemos en El: “Dichosos los que no han visto y han creído” (Jn 20, 29). Esta fe consiste, en primer lugar, en creer en el amor del Padre, que ha manifestado su fidelidad a su Hijo resucitándolo de entre los muertos, por medio del Espíritu Santo. Y me parece muy significativo y consolador el hecho de que ningún relato del NT presenta una aparición de Jesús resucitado a María, su Madre: es la única para quien la muerte de su Hijo en la cruz no constituye en absoluto la ruptura de su fe y su confianza en Él, y en el Padre. A este respecto, sugiero meditar el hermosísimo texto del Cardenal Carlo Maria Martini en preparación del Jubileo del Año 2000, “la Madonna del Sabato Santo”.

 
¿Qué significa para nosotros, hoy, creer en la Resurrección de Jesucristo? Si leemos atentamente el texto de san Pablo citado al principio (1 Cor 15), descubriremos algo a primera vista extraño: el Apóstol no fundamenta nuestra resurrección en la del Señor Jesús, sino al contrario. En dos ocasiones, afirma: “Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó”; “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó” (1 Cor 15, 13.16).

 
Por medio de su Resurrección, Jesús no regresa al pasado, a su vida divina “pre-encarnatoria”: al contrario: podemos decir que “da un paso hacia adelante”, definitivo. En Jesús resucitado encontramos no sólo la plenitud de su Encarnación, sino también la plenitud de la condición humana. Por su resurrección, el Hijo de Dios asume, para toda la eternidad, nuestra humanidad. Es muy significativo que sea precisamente Jesús resucitado quien llama por primera vez a sus discípulos “hermanos” (Mt 28, 10; Jn 20, 17). Aquí llega a su plenitud lo que la primitiva Iglesia expresaba en forma sintética: “Dios se hizo hombre, para que el hombre pueda compartir la vida de Dios”.

 
A partir de ese momento, los apóstoles consagraron su vida entera, en forma incansable e irresistible, a predicar a Jesús Resucitado, y en Él -usando la feliz expresión de Juan Pablo II- a anunciar “la verdad sobre Dios, y la verdad sobre el hombre”. Ser hermanos y hermanas de Jesús Resucitado, y en Él, hijos e hijas del Padre por medio de su Espíritu: ¿no es algo infinitamente más grande de lo que podríamos desear o imaginar? El anuncio de la Resurrección de Jesús crucificado es la “Buena Nueva” por excelencia, la mejor noticia que un ser humano puede recibir. Y como señalaba en una de las primeras reflexiones, ¡pensar que casi cinco sextas partes de la humanidad no lo saben! A ejemplo de los apóstoles, no podemos silenciar lo que constituye nuestra máxima riqueza: la fe cristiana.

 
En este año, hemos tenido la gracia especialísima que representa la exposición de la Santa Síndone, testimonio mudo y a la vez extraordinariamente elocuente, no sólo de la muerte de Jesús, sino también de su resurrección. Sin embargo, no podemos decir que constituya “la” prueba de la Resurrección de Jesús, como no lo puede ser tampoco ningún vestigio del pasado, ni una reflexión teológica, por brillante que sea.
El Nuevo Testamento nos dice claramente cuál es el testimonio auténtico y definitivo de la Resurrección de Jesús. “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder. Y gozaban todos de gran simpatía. No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de las ventas, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hech 4, 32-35).

 
No puede haber mejor marco para hablar del testimonio de la Resurrección del Señor Jesús que el cambio de vida del creyente, el amor fraterno, la plena condivisión. Se trata del testimonio permanente, sin el cual no valen palabras, ni razonamientos, ni monumentos del pasado. “¡Miren cómo se aman!”, exclamaban asombrados los paganos, al contemplar la vida de los primeros cristianos.


Este lo comprendió perfectamente Don Bosco. Toda su vida y trabajo en favor de los jóvenes tiene como núcleo una “espiritualidad pascual”: la alegría que constituye la esencia del sistema preventivo y la clave de la santidad juvenil no es la alegría ingenua o inconsciente del que “todavía” no conoce las dificultades de la vida, sino la de quien “lleva las huellas de la cruz”, pero que está convencido, al mismo tiempo, de que nada ni nadie lo podrá separar del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús (cfr. Rom 8, 39).

 
Asimismo, la preocupación de Don Bosco por la optimización del ambiente del Oratorio, la “ecología educativa” indispensable en nuestro Carisma, trata de recrear, en el ambiente juvenil y popular de Valdocco, la experiencia de la primera comunidad cristiana y, con ello, llegar a ser un auténtico testimonio de la Vida nueva de Jesús Resucitado.

 
Recordemos que “al cumplir hoy nuestra misión, la experiencia de Valdocco sigue siendo criterio permanente de discernimiento y renovación de toda actividad y obra” (C 40). ¡Quiera Dios que, como Familia Salesiana, podamos ser siempre y en todas partes, con nuestro amor, nuestra alegría y nuestra entrega generosa en favor de los demás, auténticos testigos de la Resurrección de Jesús!